Perenne

Perenne

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No es frecuente verlo pero algún año ocurre que uno se para a observar pequeños árboles que en lugar de perder todas sus hojas, conservan algunas durante todo el año.

Lo habitual es que estos árboles pierdan sus hojas totalmente cuando llega el invierno. Caen algunas de sus hojas, con la llegada del otoño y en el invierno, debido a la escasez de luz, la corta duración del día y las bajas temperaturas.

En este caso, ocurre alguna vez, por ejemplo, con el roble, que si el invierno no ha sido muy severo y además está esta especie en un lugar resguardado, alguna de sus ramas puede conservar alguna de sus hojas las cuales están activas todo el año. En lo relativo a ese tallo, se mantiene una actividad lenta pero continua mientras esas hojas realizan una fotosíntesis lenta, con un color verdoso apagado y claro, llevando una actividad latente, mucho más lenta que en el resto del año.

Sorprende observar como estos árboles tienen algunas hojas mientras los que están cercanos no conservan ninguna.

Existen árboles de hoja caduca y hoja perenne. Los de hoja caduca se preparan para el invierno dejando caer sus hojas y sellando esos orificios para la llegada de la siguiente estación de primavera, por donde saldrán de nuevo sus yemas que darán paso a las hojas nuevas.

En los árboles de hoja perenne sucede que sus hojas tienen un tiempo de vida determinado y se van cayendo durante todo el año de manera que su espacio es ocupado por hojas nuevas.

Pero en el reino vegetal no todo es una regla exacta para todas las especies. En otoño e invierno lo cierto es que se produce una mayor cantidad de hojas secas entre estas especies de hoja perenne.

En otros casos nos encontramos con que algunas especies dejan sus hojas con un color verde oscuro casi de color azulado e incluso marrón llegando a parecer  totalmente secas. Sólo tienen algunas secciones con un color más vivo pero por lo general en su conjunto estas plantas parecen casi completamente dormidas. Es el caso de las Tuyas y Juníperos rastreros entre otras.

De este modo para explicar esa hibernación debemos saber primero de qué especie se trata y en qué lugar geográfico se encuentra dentro del planeta. Las regiones climáticas y la duración de los días tendrán una profunda influencia en el comportamiento de estas especies arbóreas.

No obstante hay especies de árboles que se han adaptado a climas concretos durante miles de años y de ser especies perennes pasaron a ser de hoja caduca o viceversa. Es el caso, por ejemplo, de una especie de roble situado en Asia el cuál mantiene sus hojas durante todo el año.

En los bosques europeos y americanos, algún año suave, es frecuente ver en zonas de abrigo cómo algunos árboles conservan algunas hojas durante todo el año.

Las plantas de un modo u otro tienen memoria y van registrando todos esos cambios de manera que si en algún momento el clima cambiase mucho, tal vez, podría ocurrir que algunas especies pasasen, de manera progresiva, a ser de hoja perenne.

La naturaleza en su conjunto no deja de sorprendernos por los cambios tan lentos que genera en una escala de tiempo muy larga comparada con nuestras vidas y nuestras generaciones humanas, en sí, mucho más rápidas, pero que conviven desde siempre, entendiendo siempre como los últimos doscientos milenios, nada más y nada menos, un tiempo muy breve para el reino vegetal y todo un hecho ancestral para nosotros como especie humana.

 

autor del artículo:

Jesús Pablo Alonso García

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